Sobre la importancia del diálogo y porque las tecnologías modernas no son suficientes para satisfacer dicha necesidad








Bueno, no sé muy bien como comenzar esto, pero me temo que me toca ser el Black Mirror de la semana (O más bien del día…). Pero es que este problema me ha causado tanto dolor de cabeza que no me quedaba de otra, lo siento mucho.


Me levanto todos los días a las seis y media, me hago un desayuno rápido mientras escucho un podcast, cuando me preparo para salir pongo algún disco de The Velvet Underground, cuando llego a la parada del bus y tomo asiento lo cambio por uno que requiera más atención, como Blonde on Blonde, a veces pongo algún podcast. Llego a la prepa, este cuento ya se lo saben, se trata de leer y leer. Por fin me dispongo a regresar a mi casa, escucho otra hora y media de podcast o de Neil Young si me siento con energías suficientes. Llego, meriendo, juego con mis amigos, escribo un poco de lo que leen aquí y luego toca dormir y repetir.



La pregunta es: ¿En qué momento me paré a reflexionar sobre lo que estaba haciendo o escuchando?

He aquí mi gran problema con la manera en que tratamos el arte, y las formas de comunicación en general hoy en día. El hecho de que, alguien que lee mucho, o ve mucho, sea nuestra noción de “inteligencia” me parece lamentable. Como yo lo veo, leer -y visionar, escuchar, y demás- supone un abandono de si mismo. Independientemente de si creemos en la objetividad o subjetividad en el arte, el hecho de interpretar una obra significa que, por unos momentos, intentamos empatizar con lo que está pasando en dicha obra, en momentos parece real; esto no tiene porque ser malo, en lo absoluto, es empatía y es lo que hace al arte poderoso. Sin embargo, ¿qué pasa cuando, constantemente, estamos fuera de nosotros mismos? Lo que se vuelve común pierde su gracia, claro está. Pero no creo que el problema que yo intento recalcar, resida tanto en la obra y en el artista, por eso las distintas formas de arte y sus autores cambian la forma de presentarse y de hacer sentir, el arte está en constante deconstrucción y evolución. El problema está en el que hoy en día es el jefe (o pretende serlo), el lector, el consumidor, es decir, nosotros. Que no se me malinterprete, esto no es un llamado a la ignorancia (al “libre pensamiento”), no leer del todo, cerrar los ojos, es un inhibidor del pensamiento (puesto que no hay comparación de ideas), igual o más grande que lo que intento retratar (y curiosamente creo que los dos parten de la misma raíz). Volvamos a la cuestión, en las olas de contenido diario que consumimos, de vez en cuando, nos encontramos con una perla (Blonde on Blonde me parece unos de los mejores de Bob Dylan, y Velvet es una banda que por lo general no defrauda), pero esta nos repudia, ¿por qué? Porque requiere de tiempo, tiempo que podrías gastar en algo más (ojo, que aquí se atisba algo de utilitarismo). Las víctimas del problema que cito aquí, suelen quejarse de la complejidad de ciertas obras ¿por qué tiene que ser tan difícil? ¿para que los intelectuales se sientan más… intelectuales? Y, a ver, vamos a matizar, es cierto que hay obras que son más complejas de lo que deberían de ser (como SOMA), hay otras que lo son por motivos temáticos (como Dark Souls), pero creo que las grandes obras son complejas, no porque complejidad=mejor, pero porque, al obligar al lector a hablar en el lenguaje de la obra, que es uno sensorial y que va más allá de la racionalidad, la obra logra que reconozcas su existencia, que le des tu tiempo. Entonces, esta cobra vida en muchos sentidos (sin explayarme, véase “La muerte del Autor”). Es aquí donde nos damos cuenta que el problema (que muchos ya han notificado), no es la subjetividad como algunos piensan, porque la subjetividad consiste en la apropiación de la obra por el lector, en la multiplicidad de interpretaciones vive la obra, el problema que yo recalco va más allá de eso, el lector se ha vuelto pasivo, se niega a hacer la obra suya, a construir, se vuelve reactivo.
El arte, lamentablemente, se asemeja hoy, más a los parques de atracciones que a lo que realmente es. Se ha vuelto un producto que pagamos para sentir, “hoy quiero sentir que soy bueno, ¡vamos a ver un documental sobre el racismo en Estados Unidos!” El problema no reside en que haya un documental sobre todos los problemas del mundo, en lo absoluto, el problema es que visionamos dicho documental, sentimos, y luego no hacemos nada con ese dolor, no reflexionamos, no creamos, vivimos a la deriva.






Dicho lo dicho, vamos a hablar ahora sobre lo que se hace después de visionar una obra, es decir la discusión que se crea, pero para eso tenemos que hablar sobre la comunicación en si.

Siempre he sido de los que piensa que la educación de hoy en día debería centrarse menos en enseñar muchas “cosas”, y más en dar una mente crítica, capaz de jerarquizar y ver más allá de lo evidente y espectacular, por la sociedad en la que vivimos, una donde toda la información el mundo se encuentra a tu alcance. Porque al final, lo que diferencia al hombre de la máquina no es su capacidad de albergar conocimiento sino la capacidad de entendimiento, ser capaz de ver dichos conocimientos bajo diferentes ángulos, maniobrarlos, entenderlos no memorizarlos. Sin embargo, no me considero lo suficientemente sabio como para andar educando a los demás, pero sí creo poder aportar otro granito de sal a lo que es el problema de la información y la comunicación en las redes.


En un principio podemos imaginarnos que la existencia de diferentes plataformas sociales permite a la interacción de los individuos a un nivel inalcanzable con las tecnologías antiguas.
¿Sin embargo, podemos realmente llamar a esto progreso? ¿Hasta qué punto el dialogo ha progresado?
Hoy en día me veo envuelto en una burbuja social, Facebook, Twitter y otras plataformas están construidas de tal forma que solo veo lo que quiero ver, y esto es un problema porque no permite la comparación de ideas y entonces la reflexión. Esto es en realidad un circulo de auto afirmación, solo satisface el deseo inmediato y poco fructífero.
Lejos de que además contenga una cultura del sensacionalismo y lo espectacular: solo vemos lo obvio. Por otro lado, la idea de que estas plataformas me permitan ver solo lo que quiero tampoco es del todo negativa, me permite enfocarme en lo que me gusta, cerrarme a las tendencias, me permite ser selectivo.
Finalmente, las plataformas sociales son en realidad una vía para la ignorancia, para la mentalidad débil que se cierra ante el exterior, ante el saber y ante la comprensión. No solo es que no busca aprender, es que además nadie aprende de él, porque solo lo leen sus seguidores, y como los humanos estamos tan obsesionados con estar de acuerdo los unos con los otros, perdemos capacidad de empatía. Entramos en círculos de constante auto reafirmación.
Todos queremos ver y disfrutar de cosas que nos gustan, es normal, pero no deberíamos por ende cerrarnos solo a dichos objetos, porque sino nunca los entenderemos del todo, y si no somos capaces de entender a nuestros “rivales” (que en realidad no tienen porque serlo) entonces las cosas nunca cambiarán. Repasando la no muy extensa lista de libros y textos que he leído, son los que más contrarios son a mi manera de ver el mundo los que más me han enseñado. Ojo, con esto no digo que sean los que más aprecio o los que considero mejores, pero son los que me han hecho comprender otra faceta del mundo que no podría haber siquiera imaginado por mí mismo.
¿Significa entonces que debo pensar como ellos? En lo absoluto, de hecho, la mayoría de las veces me ayuda a comprenderme a mí mismo, porque en la inconformidad nace la reflexión, la búsqueda de soluciones, el no estancarse, vaya.
 Lo que visiono últimamente, los análisis, para ser más concretos, no produce nada dentro de mí, nada que merezca ser escuchado, y entonces es aquí donde me pregunto ¿qué ha pasado con la crítica y el análisis moderno que me ha sido tan íntimo?
Hace poco saqué un texto hablando de Breath of the Wild, sobre la importancia del análisis y de la crítica a un nivel humanista, valorando el progreso humano. Estas ideas yacen al fondo de mi corazón, pero, como doy a entender en ese texto, también veo al análisis como una forma de descubrirme a mi mismo, de entender al mundo y ofrece una visión, en otras palabras, lo veo como arte. El problema yace en que, irónicamente, hemos dejado de ser críticos con la crítica. Veamos, por ejemplo, los típicos video ensayos de youtube. Ya desde el principio encontramos dos grandes problemas, la importancia que se la da al contenido sobre la forma, y la incapacidad crítica. El primero, que ya mencioné en mi análisis de Breath of the Wild, es el que más fácil es de percibir, puesto que está en el título mismo de los vídeos. “Logan: the death of a genre”, “Logan: Superhero movies get old”, “Logan: the end of heroism”… Todos estos títulos hacen hincapié en que la película en cuestión significa algo más. El problema no son los títulos en si mismos (que yo también he llegado a usar), pero la mentalidad de que, para que algo sea llamativo tenga que tener un gran significado, porque yo también podría venir aquí y hablar sobre como Dark Souls representa la naturaleza cíclica de nuestro mundo y bla bla bla… porque, paremos de mentirnos, analizar algo es tan simple como saber argumentar una postura, y, como vivimos en una época donde reina el sujeto, todos queremos subirnos al tren del análisis, porque es fácil.
Y esto es lo que yo llamo la incapacidad crítica. Analizar algo, a pesar de haber dicho lo anterior, es más que necesario, se trata de nosotros intentando entender, en mayor o menor medida, a la obra, no se puede ser crítico con algo que no se ha interpretado, eso sería injusto. El problema es que al intentar analizar algo (y aquí me considero incluido), nos concentramos tanto en entender a la obra, que se nos olvida ser críticos, porque todo puede ser apreciado de una cierta manera, porque todo tiene algo bueno si lo ves desde cierto ángulo. No está mal apreciar, pero una vez comprendido lo que una obra hace, no debemos de olvidar comenzar la labor crítica, separar lo común de lo único.

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